¿Con papel o con porotos?

Los gobiernos de Uruguay y Argentina rearmaron esta semana su partido de truco por las fábricas de celulosa en Fray Bentos. Ahora barajan sin apuro los mismos naipes cascados con los que juegan hace tres años.
Los gobiernos de Uruguay y Argentina rearmaron esta semana su partido de truco por las fábricas de celulosa en Fray Bentos. Ahora barajan sin apuro los mismos naipes cascados con los que juegan hace tres años.
El presidente argentino Néstor Kirchner había gritado "truco" dos semanas atrás, al proponer la tregua al uruguayo Tabaré Vázquez. Lo hizo sin muchas ganas, pues no confiaba en sus cartas. A esas alturas, la "flor" de una demanda en
Ya nadie llevaba la cuenta. Cada jugador se amontonaba los porotos a su antojo. Si Vázquez arrojaba el dos de la muestra, Kirchner, triunfante, levantaba el as de espadas.
Quienes prefieren el rummy merecen que este chiste se explique, aun a riesgo de perder la gracia. Hay dos juegos-ciencia llamados truco, con reglas muy distintas: el uruguayo, complejo y cerebral, y el argentino, más austero, no menos ruidoso. Uruguay y Argentina han estado jugando dos juegos diferentes.
El momento en que se confundieron los tantos quedó en el olvido. Eran otros jugadores, los ex cancilleres Didier Opertti y Rafael Bielsa, quienes forjaron el primer acuerdo. Ahora mantienen silencio, uno en su escaño parlamentario y otro en el trono de la integración latinoamericana en la calle Cebollatí.
A partir del equívoco, el diálogo se limitó a una sucesión de monólogos en que los actores se limitaban a atribuirse la razón. Si la razón es única, no se atienden razones.
Los gobiernos no han jugado a solas. Hay público, y eso es un peligro cuando el estilo presidencial, en ambos casos, se inclina más a consolidar hegemonías que a tejer consensos. Así, juegan con un ojo torcido hacia la tribuna, que los aplaude, los abuchea y les avisa a los gritos las cartas del contrario.
El vacío de diálogo se llenó durante meses con la vociferación atropellada de pobladores de Fray Bentos, Gualeguaychú y Colón, dos transnacionales papeleras, ambientalistas, intelectuales, premios Nobel, camioneros, sindicatos, gobernadores, alcaldes, intendentes y legisladores, todos en busca de pantalla.
Los presidentes habrían podido marcar el tono. Pero no. Así se sucedieron cortes de ruta, acusaciones de corrupción, evocaciones al nacionalismo extremo, llamados a las armas... y es difícil reanudar el partido después de que los amigos se agarran a las piñas.
Hasta un jugador tan desvalido como la oposición uruguaya se dio el lujo de hacer el compadrito, cuando Vázquez pareció aceptar la tregua ofrecida por Kirchner. Eso propició el único momento de brillo de Reinaldo Gargano en el proceso: le replicó al ex presidente Jorge Batlle que el gobierno actual no se vería obligado a "ir llorando a pedir disculpas" a Argentina. Fue una pena que el canciller no haya aportado su pericia en el campo de las políticas de Estado sino en un retruque táctico, de política doméstica y bien menuda.
Esta disputa no es un simple juego. Para un sector de las tribunas, la apuesta es de vida o muerte, y no es justo atribuir a los piqueteros de Gualeguaychú y a los desocupados de Fray Bentos una mera motivación nacionalista. Para unos, se trata de impedir la extinción de su ciudad como destino preferido del turismo interno argentino. A los otros, que estuvieron al borde de la muerte económica, les ofrecieron una cura, y a ella se aferran.
Todo lo demás es hojarasca. Los políticos y sus discusiones circulares, los industriales que restan importancia al impacto ambiental de sus proyectos, los ambientalistas que ignoran la lógica económica, los periodistas que forman opinión a partir del himno nacional o de viajes a Finlandia y Galicia con todos los gastos pagos, los vendedores de banderas que se preparan para una violenta final.
Se trata de conciliar las ansias de resurrección de Fray Bentos y las ganas de sobrevivir de Gualeguaychú. Si Vázquez y Kirchner dejan la baraja de lado y cambian de juego, tendrán que aprender nuevas reglas. Será difícil, pero debían saberlo cuando aceptaron el empleo.
(Publicado en La Diaria el 24 de marzo de 2006)

0 Comments:
Post a Comment
<< Home